Un chascarrillo de las redes sociales sugiere que las revistas femeninas dedican la mitad de sus páginas a la autoafirmación y a que las mujeres se sientan a gusto consigo mismas, mientras que la otra mitad incluye ejercicios y dietas para mantener una figura esbelta. Puede que la fotografía -o mejor dicho, su retoque salvaje- haya contribuido a que muchas mujeres quieran ser poseedoras de un cuerpo imposible, pero también existe un tipo de fotografía destinada no solo a que se sientan guapas sino a que también tengan algún documento que así lo demuestre.

En el último siglo la prensa rosa ha marcado las vidas de muchas mujeres. Copadas de espectaculares bellezas rodeadas de lujos y atenciones, el star system del papel cuché siempre ha sido visto con una mezcla de admiración y envidia por mujeres (y también hombres, aunque no lo reconozcamos). El querer ser como esas modelos pero sin serlo ha sido un sueño que ha cruzado por la cabeza de muchas mujeres, y gracias a los avances tecnológicos sentirse como una estrella está ahora mucho más al alcance que nunca.

Aunque puede haber diversos términos para definir este tipo de fotografía, muchos de ellos podrían englobarse en lo que se conoce como fotografía boudoir (del francés tocador), un estilo gráfico que propone imágenes sensuales (o no) donde la mujer es la protagonista y cuyo fin, en muchas ocasiones, no es otro que permitir que la modelo se sienta a gusto consigo misma.

Es complicado señalar una fecha concreta del inicio de la fotografía boudoir (prácticamente desde el comienzo del cine hay fotografías de actrices que podrían encajar en este género). John G. Blair señala en su libro “Digital Boudoir Photography” que el término retrato boudoir fue acuñado a principios de 1980 por Carla y Bob Calkins, propietarios del estudio Mother Lode Photography, tratando de buscar una expresión más adecuada que fotografía sexy o fotografía erótica en la que inscribir el trabajo que una clienta les había pedido. El boudoir es mucho más que sensualidad y erotismo.

Aunque muchas veces se busca sorprender a la pareja, el simple hecho de tener unas fotos con las que sentirse a gusto es fundamental para muchas clientas
Probablemente no sería exacto hablar de una moda o tendencia, porque este tipo de fotografías existe ya desde hace años en otros países, aunque su popularización en España es bastante reciente.
El boudoir es un estilo que puede funcionar y quedarse. “Tal vez en España es un poco más difícil porque es algo nuevo, pero, como todo, si creas un estilo y llegas a tu público, es una tendencia que se puede explotar, aunque requiere tiempo.”
La confidencialidad que ofrece la fotografía digital al no pasar por un laboratorio ha permitido que este tipo de imágenes se extienda, permitiendo explorar los límites del concepto tradicional de la sensualidad, desligándolo de la sexualidad. Cristina Pérez asegura que “la sensualidad se puede conseguir con el vestuario y con pequeños gestos. Y una actitud sexy no tiene por qué ser sugerente”.
Lógicamente la fotografía boudoir tiene ciertas líneas maestras y normas, aunque como en toda la fotografía las normas son -por supuesto- susceptibles de ser quebrantadas o al menos ignoradas. «Hacemos reportajes de todo tipo, tanto en estudio como en exteriores, pero siempre en un ambiente íntimo, cálido y real que pueda mantener unos mínimos niveles en lo referente a mobiliario, iluminación o espacio disponible.

Aunque la fotografía boudoir tiene en muchas ocasiones el fin de sorprender a la pareja, el simple hecho de tener unas fotos con las que sentirse a gusto es un aspecto fundamental para muchas clientas. Cristina Pérez afirma que las suyas utilizan sus fotos “para sorprender a alguien como su pareja, su marido o su futuro marido. Pero está muy reñido con sorprenderse a sí mismas, y es cierto que muchas chicas buscan sentirse bien, verse guapas y tener un recuerdo de sí mismas en un momento determinado. Es más, aunque sea un regalo para alguien, siempre dicen ‘principalmente lo quiero para mí’, y eso es genial”.